La violencia nunca desaparece. Esta aparece y varía según la estratificación social, hoy es física y psíquica, real y virtual, negativa y positiva, pero es una constante porque a pesar que emerge del interior, su imagen e ideología la impone la sociedad, consecutivamente si ésta sociedad es disciplinaria.

Esta violencia generalmente se mueve en los mismos ámbitos, éstos que están ligados íntimamente al quehacer del hombre, cómo la educación, la salud, el trabajo, ámbitos que por estructura, tienen una alta incidencia en lo físico, en lo psíquico y en lo social principalmente.

La ley en su esencia de carácter imperativo, el Estado y sus administraciones sistemáticas, con su movilidad permanente en el dictamen de Leyes, Decretos, Reglamentos etc.,   el Parlamente Político con su decisión de carácter de decisión en la aprobación o rechazo de promulgación de leyes, ejercen un mecanismo de control enorme sobre el ánimo de la sociedad en su conjunto, además de su poder coercitivo sobre la condición en la mayoría de los ámbitos sociales y personales, con una invisibilizarían de las influencias no detectadas en las apariencias, ni en la información.

Consecuentemente los Estados policíacos y dónde se ejercen dictaduras administrativas, influyen en el acontecer ciudadano de una manera directa, con el bien entendido de no transar en la información sino que sencillamente imponerla por recursos administrativos, legales o de fuerza, lo que genera un sentimiento de desprotección y violencia, por la cosificación del sistema.

Esto obviamente genera fuerzas de rechazo en la psiquis del entendimiento, del criterio, de la demogogia, de la democracia  de la historia y porque no decirlo de la lógica del diario vivir, has llegar al punto en dónde los grandes artífices intelectuales del hombre sobre unas reducción y atomización inexplicable.

Sin olvidar la economía, que en su fluctuación de intereses y de juegos lúdicos con el dinero, genera desprecio y desertifica  la relación del hombre con su entorno, interior y exterior, ligado esto obviamente al devenir de los equilibrios, tanto dogmáticos, como vivenciales…En este punto de la economía que balancea lenguaje, circunstancias y posibilidades, ha creado un vacío enorme en lo cualitativo del hombre, creando mecanismos de convicción,  de formulación y de presunción que no se acercan un ápice a la relación hombre dinero, ya que las variantes que baraja el sistema economicista, cerrado y obtuso, no considera la necesidad como un aspecto vital, para la vida en su conjunto, incitando a una violencia permanente ligada al sistema.

La información cómo elemento constitutivo de bienestar se ha perdido, dejando paso a la deformación de las ideas, al manoseo semántico, al criptograma de las falsedades y mentiras, para trasladar todo elemento simbólico a una simple marca o iconografía, incluso sacrificando el arte cómo un bastión de entendimiento y correspondencia humana, para desviar el elemento esencial de informar lo que sucede realmente para tomar decisiones plausibles  y formar así estructuras que eduquen, protejan ye revelen al individuo en todo su esplendor.

 La información manejada primero por organismos gubernamentales y hoy por las grandes empresas de comunicaciones, han trascendido todas las esferas de comportamiento humano a la consecución de mecanismos electrónicos, virtuales y subhumanos.

Foto Principal: CIPER Chile